“CRONICAS DE UN ESTUDIANTE DE AGRICULTURA”

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(XV Graduación 1970-1972)…”Todos los de agricultura son unos buenos muchachos”…
“COMPAÑEROS…YO TENGO EXPERIENCIA”

Cuando, partí hacia la ENA, a mediados de Enero de 1970, sentí mucha confianza, pues había platicado con Moisés Vásquez (QEPD) y Abdón Rodríguez, quienes fueran mis compañeros en plan básico y bachillerato, Moisés, conocido con el nombre de “Dr. Jeringa” y muy famoso en la escuela, me había dicho que me iba a proteger, que no me preocupara; pero con la intensa jodarria que desato “Jeringa” fue expulsado por inspectoria por dos semanas, para que no hostigara a los reclutas, por lo que me quede sin protector durante todo el mes de la reclutada, la que fue extenuante y de mucho sacrificio, dos compañeros panameños hijos de grandes hacendados de Chiriquí, decidieron marcharse de la ENA debido al acoso de los antiguos, solo se quedo Agustín Gutiérrez, de extracción humilde en ese país .
Una tarde de finales de febrero, después a de la jornada de estudios, me sentí más cómodo, ya habíamos recibido el tradicional “bautizo” en el auditórium, eso culmino con el fin de la reclutada, ya teníamos nuestros “nombres”, la normalidad en nuestra vida de internos en la escuela llego por fin, sentí un gran alivio de ya no tener el acoso y las molestas bromas de los antiguos (ingenieros); los “nombres” eran dados tradicionalmente por una “asamblea” de alumnos de los años superiores, algunos “nombres” eran heredados por el parecido físico de un recluta con algún estudiante de segundo o tercer año, con un egresado, con un “paveado” o por la ocurrencia sarcástica de algún gracioso, también los “nombres” femeninos eran por un parecido o por haber concursado a “candidata a reina” en la noche del bautizo, pero también habían “rebautizos”, los que eran puestos por compañeros del mismo año por algún acontecimiento casual e inesperado sucedido a un despistado compañero.
El bullicio que se armo en el aula, me trajo recuerdos de mi escuelita de mi Cojutepeque de infancia, cuando la profesora Tenchita se ausentaba, la clase se llenaba de un “palabrerío” incomprensible como en la torre de Babel; don Napito, el inspector, nos había dicho que en esa hora no tendríamos clase y que todos los años tenían una directiva que los representaba ante las autoridades de la escuela y que eligiéramos a quienes nos representarían, que teníamos toda la hora y con un acostumbrado ademán el que le vería en mis tres años de interno, sé puso el dedo índice debajo del tabique nasal, como queriendo resaltar su pequeña nariz, nos advirtió no hiciéramos mucha bulla y eligiéramos a nuestros representantes, salió despacio del recinto, dejándonos a un natural libre albedrio.
En las tres tandas de compañeros de primero, segundo y tercer año, había nombres famosos, entre los que recuerdo a: zanate, trago amargo, susto, cochinada, el nene, don napito, (este compañero de tercer año, tenía un parecido físico con don Napo Tigre, el inspector), manos chucas, trepano, papa checho, el guardia, caramelo, garrote, el virgo, la petunia, Siguanabo, chancleta, patas chucas, chilillo, el guillo, charancuaco, jocotillo, calzoncillo, colchoneta, la zorra, taco, Lotario, mal aspecto, chiche cuma, chico cuche, hipo, chumbulúm, el sapo, radio diez, etc., etc., si sigo no termino; en una ocasión Manuel Gustavo Vásquez, llego a las gradas del edificio “C”, diciendo: “esos de tercer año, son yucas para poner apodos”, a lo que los que allí estábamos le preguntamos: “ ¿y cómo te pusieron?…”Supermán ¡”, contesto Gustavo muy alegre, uno del grupo le replico: “vale verga, para nosotros vos sos la Maura ¡”; doña Maurita, la ecónoma por esos días, era de voluminoso cuerpo y cabeza pequeña igual a la de Gustavo, quien fue conocido posterior a eso como “doña Maurita” y no como “Supermán”.
Ramón Bermúdez (IV promoción) fue mi primer jefe egresado de la ENA en la agencia de la ABC (Administración de Bienestar Campesino) de Nueva Guadalupe, San Miguel, supe le decían “el puspo”, en sus años de escuela había formado parte de un trió de guitarra, quienes al interpretar sus canciones en el auditórium ante el público escolar y profesores de la ENA, se ponían pálidos por el pánico escénico, por lo que fueron bautizados como “el trió la puspazón”, viniéndole de allí el “nombre” de “el puspo” y así, ya en mi vida profesional, conocí a egresados de las primeras promociones de mi “alma mater”, con “nombres” originales y repetidos, mi gran amigo y compañero Julio Cesar Martínez (II promoción) fue bautizado como “Trabajito”, a Marco Tulio Funes Morataya (QEPD) de la III promoción, le pusieron “Huevos de oro”, según decían, por su tremenda afición al descanso; a José Napoleón Bonilla h. , quien fuera director de la ENA y de la ( I promoción), le clavaron “La chacha Bonilla”.
La tradición de los sobrenombres se remonta a la primera promoción de la escuela, inclusive algunos profesores y empleados administrativos tenían “nombres”, los que eran propinados por los estudiantes, recuerdo a una hermosa secretaria de apellido Zaldívar, de piel morena a quien le llamaban “la pantera” supe de un sarcástico inspector de los primeros años de la ENA , “burro cuto”, quien acostumbraba poner el famoso tango argentino “adiós muchachos” en los altavoces de la inspectoria, en la noche a la víspera de que algún alumno “se fuera en las pavas” por insuficiencia académica o por faltas graves a la estricta disciplina, dicen que al oír la voz de Carlos Gardel , media hora antes de apagar las luces, algunos alumnos ni dormían y que “burro cuto” al día siguiente, se paraba a la entrada al auditórium a la hora del desayuno, mirando a todos los alumnos que entraban, diciéndoles: “¿este, será tu ultimo desayuno?.
Después de salir don Napito del aula y a quien los alumnos de tercer año, le llamaban cariñosamente “Napo tigre”, sobrevino aquel generacional bullicio, el que todo estudiante a vivido en cualquier aula en su proceso educativo, cuando se escucho una voz chillona y estridente que quería sobreponerse al jolgorio inusitado en ausencia del profesor: “compañeros…yo tengo experiencia”…compañeros …yo tengo experiencia, compañeros ¡…, me fije de donde provenía la voz y le vi, todavía estábamos pelones, sus orejas que me parecieron enormes al tamaño de su cara, sobresalían, pareciéndome un cántaro de de barro de Guatagiagua, después supe era Jorge Alberto Fajardo Lima, quien a pesar de promocionarse con tanto grito y tesón, no fue tomado en cuenta para ser directivo a pesar de su “mucha experiencia”, pero si fue conocido en adelante como “experiencia”; no sé ni cómo, pero fui elegido presidente del curso, algo que no me cruzo por la mente antes de la elección.
Se preguntara el amable lector si yo tuve “nombre”, claro que si, este se remonta a 1967 cuando estudie cuarto curso en el Instituto Nacional de La Unión, allí conocí a José Alejandro Espinoza Fiallos, con quien fui compañero de año y tuve conflictos por una jovencita que él pretendía, por cosas de la vida me lo encontré en segundo año en la ENA y quiso hacerme la vida imposible, lo amenace qué si me tocaba un tan solo pelo, le rompería todo el hocico, me tuvo miedo, pero busco a otro que lo hiciera por él, fue su “mujer”, Antonio “el gordo” Ortiz (QEPD), a pesar de toda la jodarria del gordo, no me hizo la vida imposible, de eso se encargaría el Ingeniero Cesar Arístides Solano (QEPD), el temible y odiado “gallo de lata”, con química agrícola I y II, bioquímica I y II, en primer año y fisiología vegetal durante el segundo año, el Ingeniero Solano fue el máximo colador de mi promoción.
La noche del “bautizo” fue un viernes, al fin se terminaría la reclutada, esta se celebraba en el auditórium, con la celosa presencia de don Napito “tigre” y el “ticher” Ibarra, algunos profesores se quedaban al evento, principalmente los profesores residentes; Espinoza Fiallos (la María), había sido candidato a Reina para su reclutada y persuadió al “gordo” Ortiz y a otros para que impulsaran mi candidatura, lo que logro con éxito, fui vestido y maquillado de fémina para el evento, mi acompañante fue Julio Roni Revelo (XIII promoción), con quien hicimos después una buena amistad; la María y el gordo Ortiz, cuando se pedía un nombre para mi bautizo, gritando a todo pulmón lograron conseguir fuera bautizado infamemente como “La Chagua” , irónicamente ese era el nombre de la empleada de la tienda, con quien tuve que departir al llegar a tercer año por mi calidad de directivo, por lo que era objeto de bromas de compañeros clientes de la tienda al encontrarme junto a ella despachando.
Una mañana a mediados de los 90’s en Metrocentro de San Salvador, me encontré a Espinoza Fiallos, nos saludamos ya como todo unos profesionales, me conto que residía en Canadá, a donde emigro en los años 80’s huyendo del conflicto armado y que se había casado con Cecy, la chica de nuestra disputa, esa fue la última vez que le vi, esta es la historia de mi nombre, mi heredero ( con cierto parecido a mi), quien llego cuando yo cursaba tercer año, se fue en las pavas en el primer ciclo de su año.

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