CRONICAS DE UN ESTUDIANTE DE AGRICULTURA

cronicas

Nelson Romero Pineda en AGRONOMOS DE EL SALVADOR

23 h ·

CRONICAS DE UN ESTUDIANTE DE AGRICULTURA
XV Promoción 1970-1972. «Todos los de agricultura son unos buenos muchachos»
«Una tarde inolvidable»
Aquel Abril de 1970 nos regalaba unas tardes bellisimas, la brisa fresca y abundante del norte era un alivio al calor de la estación seca, lo que nos daba un relax incesante despues de la ardúa jornada de clases, aquella tarde como era ya una costumbre despues de la cena, un grupo de estudiantes nos reuniamos en las gradas de la entrada al Edificio «D» el cual era una de las residencias estudiantiles de los de primer año; las platicas eran amenas, chistes y chismes abundaban en esas puntuales tertulias en las que participabamos los residentes del «D» y tambien compañeros que residian en los otros edificios; no se porque los nombres de algunos de los compañeros de ese primer ciclo que tristemente se fueron «en las pavas», no se me olvidarón, recuerdo a Ricardo Arbizú Mata, la «Marisol’, a Luis Angel Perla, «la guara», a Humberto «el pato» Córvera y a Roberto Corado, el inolvidable «Charancuaco» con quién era vecino de cuarto en el «D», de algunos que se fueron en «las pavas» solo recuerdo su nombre del bautizo.
Roberto Corado era de un cuerpo un poquito desproporcionado, de cabeza pequeña y cintura ancha, barba entera, pero rasurada y según «Hipo» José Castillo González, más viejo que Matúsalen, le bautizarón «Charáncuaco», pero de cariño le deciamos «Cuaco» él siempre protesto por ese «nombre», él cual decía que no era de su agrado y que prefería ser llamado como le decian en su pueblo: «Piolín», pero su amigo más incomodo «Hipo», creo eran compañeros de cuarto, le decía «Cinturín», en alusión a su irregular cintura, lo que tambien le irritaba y tampoco le agradaba, Corado me parece era originario de un lugar de Sonsonate, decía que su «viejo» (su progénitor), tenía sembrios de cebolla y que él conocia mucho del cultivo y manejo agrónomico de esa liliacea, que cuando saliera de la ENA, se dedicaría de lleno a sembrar cebolla.
El primer año en la ENA era agobiante por el duro trabajo de campo y la pesada carga académica, por lo que muchos compañeros fueron «paveados» en el primer cíclo, lo que a muchos nos provocaba un nivel de angustía, agrávada por el hecho de estar internos y separados de la familia, aunque la verdad «que muchos extrañabamos más a las novias, que a la mamá» como solía decir en son de broma Napoleón Burgos (el diablo), quién era muy popular en nuestra tanda y a quién el Ing. Miguel Cukier, para incitarlo a la córdura en su clase, le decía: «mefistoféles deje de hacer diabluras»;( «el diablo» murio según supe despues de graduarnos, a manos de elementos armados relacionados con un «cuerpo de seguridad» en algún lugar de San Vicente); Roberto Corado no tenía ningún método de aprendizaje, daba la impresión que si fuera un arquitecto, construiria primero el techo y despues los cimientos.
Los cuartos del «D» en el «ala de arriba», tenían vista hacia la carretera panamericana, sus ventanas eran amplias y las mesas de estudio estaban colocadas frente a ellas , los cuartos eran para cuatro estudiantes, los camarotes estaban en los costados y los guardarropas junto a la puerta de entrada, al final del pasillo estaban los baños; Roberto y otros compañeros habitaban el «D9» y yo en el «D10» con Isidro Reyes, José Antonio López y Luis Angel Ventura, por lo que pasaba a saludarlos y a divertirme con los pleitos entre «hipo» y «charancuaco», Castillo González no perdía su buen humor, pero hacia que «cuaco» se saliera de sus casillas; para los examenes mensuales era común ver a «cuaco» sentado en su mesa de estudio con el cuaderno abierto y oyendo la «Sonora» en su radio a pilas con sus audifonos puestos, contaba Castillo González que cuando pasaba un bus por la carretera solia decir: «en ese bus va el viejo, debe de venir de vender cebollas», lo que provocaba carcajadas de sus compañeros, debido a la distancia que habia entre el «D» y la carretera, eso hacia que «Cuaco» se enojara.
Una de esas agradables tardes, reúnidos en las gradas del «D», los compañeros de siempre estabamos en aména charla, cuando Roberto Corado venía rezagado de cenar, caminando de manera torpe y paúsada, en eso Arnúlfo Murcía (Arcátao) dijo: «miren al cuaco, hagámole una bullita a ese ordinario»; (hacer una «bullita al ordinario», era una frase acuñada por el Ing. Enrique Palomo, cuando algún alumno decía algo que le parecía ridículo); instantaneamente a coro comenzamos: «cuaco, cuaco, cuaco, cuaco, cuaco», a unos diez metros de nosotros Roberto se quedo parado, como petrificado, de manera espontanea de los otros edificios se empezo a oir: «cuaco,cuaco,cuaco,cuaco», ya el «cuaco» era tan abrumador que me parecio estar en el estadio «Barraza» cuando jugaba el C.D. Aguila, el mimado de la aficción migueleña.
Con el brazo derecho en su frente, Roberto empezo a mover la cabeza de un lado a otro, afloró en sus labios una risa apendejada la que emitia un raro siseo , me parecio ver en su rostro lagrímas; el coro seguia»cuaco, cuaco,cuaco,cuaco,cuaco», cuando de repente alguién dijo: «cabrones el Teacher Ibarra !», algunos de los del grupo se lograron colar adentro del edificio, pero otros no podimos escapar, el Teacher Ibarra, residia en un cuarto individual en el ala inferior del «D», José Manuel Zelaya Zelaya (Sangrón), muy aflígido dijo: «por culpa de uds. el teacher, nos va a pisar con un démerito»; en ese momento se hizo un profundo silencio, no se escuchaba ni el canto de los grillos, el Teacher Ibarra nos miro frotandose los ojos y limpiando sus lentes en la camisa, casi al unísono todos dijimos: » buenas tardes teacher !», nos respondio con su caracteristica sonrisa y se dirigio a Roberto, quien continuaba como sembrado en la acera…
Todos esperabamos con cierto temor que haría el teacher Ibarra; colocandose los lentes, se acerco a Roberto, éste aparto su mano de la frente y nos señalo, pero no dijo una sola palabra…el teacher Ibarra nos miró y con una sonrisita complíce y volviendose hacia Roberto dijo: «cuaco, cuaco, cuaco!» y siguio el camino hacia el auditorium, de nuevo estallo la gritería «cuaco,cuaco,cuaco, cuaco», la que se extendio nuevamente por los otros edificios, «charancuaco» se puso otra vez la mano en la frente y empezo a mover la cabeza de un lado a otro, se oía a remedo de risa nerviosa con aquel extraño síseo; «sangrón» le puso la mano en el hombro y lo encaminó hacia su cuarto, todos los del grupo nos callamos; pero en los otros edificios se oía como un estruendo: «cuaco,cuaco,cuaco, cuaco», Roberto seguía con su movimiento de cabeza.
Unos dias después, ya habian pasado los exámenes de ciclo, regresabamos de el departamento de Horticultura y al llegar cerca del auditorium, vimos un pick up «toyota» color rojo; Roberto Corado se despedía de sus compañeros de cuarto, era uno de los que se iban en «las pavas» en ese ciclo, me senti muy apenado, me acerque a despedirme; entre los que llegarón a recogerlo estaba su padre, «el viejo» como él le decía; todos le deseamos buena suerte en su nuevo derrotero; nos dijo » que se iba a sembrar cebollas» no volvi a ver jamás a Roberto Corado, nunca supe que fue de él y no sé porque fue uno de los compañeros que no se gradúo que se quedo en mi memoria, quizás fue debido a aquella ya lejana «tarde inolvidable»…
No recuerdo cuantas bajas tuvimos, ni el nombre de muchos de ellos, pero no me olvidé de «cuaco»; los que sobrevivimos al Ing. Cesar Arístides Solano (QEPD) un excelente mentor y al Ing. Gregorio Vides,»los coladores» del primer año, vimos con estupor que nuestras muchas preocupaciónes no terminaban alli, pues en las materias del segundo ciclo tendriamos otra vez de profesor al Ing. Solano…¿quienes seguiriamos?; de una tanda de ciento cincuenta y nueve alumnos, egresamos de nuestra amada «alma mater», la Escuela Nacional de Agrícultura RQ» de El Salvador C.A., un tambien inolvidable 9 de Dicíembre de 1972 sesenta y siete nuevos agrónomos.